arte y vida

¡FELIZ EQUINOCCIO! de Septiembre: filosofía, elementos y ritual


En Septiembre ocurre el segundo Equinoccio del año, lo que marca el cambio de estación y la llegada del Sol en Libra, tiempo para la diplomacia, buscar la paz, la armonía y la belleza.

El Equinoccio de Septiembre / Mabon marca la entrada del Otoño en el hemisferio norte, (la dirección de los sueños y las visiones) y el primer día de la Primavera en el hemisferio sur. Ocurre cuando el Sol se encuentra directamente sobre el ecuador y el día y la noche son casi iguales en todo el mundo. Los atardeceres y los amaneceres son más rápidos en/o alrededor de los Equinoccios, y por el contrario son más lentos en los Solsticios, independientemente de si se vive en el hemisferio norte o sur.

En el hemisferio norte, el Equinoccio de Otoño es el momento del año cuando la Luna, que ha estado persiguiendo al Sol por seis meses desde la Primavera o el Equinoccio Vernal, por fin ahora empieza a ganar distancia del Sol y gobernar los cielos para el próximo medio año (viceversa para el hemisferio sur).

Para la mitolología, esta es una danza celestial de persecución anual entre el Sol y la Luna; entre la oscuridad y la luz; entre lo femenino y lo masculino; entre la plata y del oro. Por lo tanto, metafóricamente, este baile de temporadas entre el Sol y la Luna nos recuerda que hay un tiempo para la actividad y un tiempo para el descanso; un tiempo para la concentración y un tiempo para la meditación; un tiempo para perseguir y un tiempo para relajarse.

Para la astrología occidental, los dos Solsticios y los dos Equinoccios son las bisagras del año, los puntos cardinales de la brújula celeste que nos empujan a ir más allá de nuestros propios conceptos y enfoques.

Filosofía china sobre las estaciones

‘Otoño, Alfons Mucha,1896

Para los chinos, la naturaleza es algo más que el ciclo de las estaciones, es algo que está dentro y alrededor de nosotros en todas las cosas.

Hoy sabemos que es parte de la cultura china mantener y aumentar la sabiduría antigua, y que a pesar de que la forma occidental de pensar alienta los avances en cosas como la tecnología y la economía, la comprensión de los ciclos naturales en China sigue siendo mucho más profunda que en el mundo occidental. Después de todo, esta civilización oriental floreció durante 15 siglos antes de que el Imperio Romano existiera.

Los cinco elementos

Los ciclos básicos de la naturaleza, tal como la entendieron los antiguos chinos, son fácilmente comprensibles en la actualidad por el occidente porque responden a lo que vemos. Todos experimentamos el hecho de que las cosas brotan y comienzan a crecer (primavera), se desbordan de esplendor (verano), se agotan (finales de verano), comienzan a secarse hasta hacerlo por completo (otoño) y descansan (invierno), para luego comenzar de nuevo.

Estas cinco temporadas, cinco “elementos” o cinco “fases”, incluyen una comprensión inherente de que el ciclo continúa indefinidamente: a cada período de reposo, o de invierno, le sigue un nuevo crecimiento, o la primavera. Con cada una de ellas los chinos realizan asociaciones con cosas específicas como los colores, los sonidos, los órganos del cuerpo; elementos fundamentales como el agua, el fuego o el metal y animales reales o mitológicos.

Al mismo tiempo, así como el verano está asociado con la alegría, el otoño se asocia con el valor y la tristeza, emociones naturales que responden a los cambios que se están produciendo en la naturaleza.

La órbita de la Tierra alrededor del Sol y la inclinación de su eje se combinan para llevar al hemisferio norte más lejos, dificultándole así recibir los rayos del Sol directamente, por lo cual es natural que los días sean cada vez más cortos y provoque que las plantas y los árboles terminen su ciclo de crecimiento.

Eso es parte de lo que la filosofía china de los cinco elementos trata de transmitir: la tristeza es parte de la temporada de otoño y no es una emoción que debe evitarse a toda costa, es simplemente parte de la naturaleza.

Ritual para celebrar el Equinoccio de Otoño / Mabon

Para los filósofos orientales el otoño se conecta con el oeste, la cual consideran como la dirección de los sueños y las visiones.  A  su vez, lo asocian con el color blanco, el sonido del llanto, las emociones tanto valor como tristeza, el órgano de pulmón, el elemento metal y un tigre blanco. En tal sentido,  parece bonito como un ritual de bienvenida que nos facilite abrazar los cambios que la nueva temporada trae, el día y la hora del equinoccio realizar lo siguiente:

  1. Pararse frente al oeste. Simplemente ponerse de pie por un momento y honrar la “oesticidad” del otoño concientizando nuestros sueños y visiones, y la ruta en la que nos movemos  en la actualidad y hacia dónde queremos continuar en la vida.
  2. Encender velas blancas para contrarrestar la creciente oscuridad de la temporada o adornar con flores blancas nuestro hogar.
  3. Permitirnos, si es necesario, llorar por las cosas que hemos perdido, para finalmente,
  4. Encontrar el valor para enfrentar lo que viene.

Una vez que entendamos este hecho básico de la naturaleza, la llegada de la fase seca y quebradiza del otoño que evidencia que las cosas están muriendo, será más fácil soportar la ausencia en nuestra vida como un todo y abrirnos a las cosas nuevas que traen los próximos ciclos.

Fuente: EarthSky

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